Desde joven, el pintor Henri Matisse acostumbraba visitar semanalmente al gran Renoir en su atelier.
Cuando Renoir fue atacado por la artritis, Matisse comenzó a visitarlo a diario llevándole alimentos, pinceles, pinturas, pero siempre tratando de convencer al maestro de que estaba trabajando demasiado, y que necesitaba descansar un poco.

Cierto día, notando que cada pincelada hacía que Renoir gimiera de dolor, Matisse no pudo contenerse:

– Gran maestro, su obra ya es vasta e importante. ¿Por qué continúa torturándose de esta manera?

– Muy simple -respondió Renoir. – La belleza permanece; el dolor termina pasando.

Enseñanza: Pensá en la ultima vez que sentiste dolor. Es solo un recuerdo. El recuerdo no duele. Trae imagenes a la memoria para tratar de recordar el dolor.
Cuando nos damos cuenta que el dolor es solo un recuerdo. Aprendemos. A arriesgar. A ganar. A sentir y compartir esta experiencia de vivir

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